“Loco un poco nada mas” hubieran cantado una banda de su barrio. “Me enamore y no pensé…” recitarían unos vagos de por ahí. Pero ella no quería definiciones para lo que esta pasando. “Lo que paso, paso” gritarían desde el centro del continente para relajarla aún más.
De disco en disco sus parlantes se descontrolaban en cada nuevo ritmo. Sus sensaciones buscaban explicaciones en esas letras vacías que de algún modo buscaban ser actualizadas con cada auditorio. Ese último hoy era ella. Una chica de estatura media, ojos claros, cabellos rubios, tez blanca, como claramente se la describiría en una comisaría. Sin embargo, hoy su descripción derivaba más cosas. Era distinta. No solo se valía por su flamante y esplendoroso exterior, sino su belleza interior la inundaba por completo. El vestido blanco que había elegido ponerse no había sido un acto inconciente, la pureza era algo que hoy la resignaba, mas la negaba tener.
Los cigarrillos que ya se habían muerto en ese recipiente metálico pasaban las dobles idas al kiosco. Nervios. El rodete en la cabeza indicaba sus temerosos deseos que aún no podían esclarecer. Lucio la llamaba a comer y el gato le lamía la mano mientras incesantemente sus ojos escondían unas lagrimas traviesas que querían desprenderse de su cuerpo para liberarse y liberar esa abstracta idea de no saber lo que uno le pasa.
De disco en disco sus parlantes se descontrolaban en cada nuevo ritmo. Sus sensaciones buscaban explicaciones en esas letras vacías que de algún modo buscaban ser actualizadas con cada auditorio. Ese último hoy era ella. Una chica de estatura media, ojos claros, cabellos rubios, tez blanca, como claramente se la describiría en una comisaría. Sin embargo, hoy su descripción derivaba más cosas. Era distinta. No solo se valía por su flamante y esplendoroso exterior, sino su belleza interior la inundaba por completo. El vestido blanco que había elegido ponerse no había sido un acto inconciente, la pureza era algo que hoy la resignaba, mas la negaba tener.
Los cigarrillos que ya se habían muerto en ese recipiente metálico pasaban las dobles idas al kiosco. Nervios. El rodete en la cabeza indicaba sus temerosos deseos que aún no podían esclarecer. Lucio la llamaba a comer y el gato le lamía la mano mientras incesantemente sus ojos escondían unas lagrimas traviesas que querían desprenderse de su cuerpo para liberarse y liberar esa abstracta idea de no saber lo que uno le pasa.