Sentía una música en su cabeza que bailaba candoberamente sin que ella pudiera controlarlo. Su cadera se movía con centenares de vueltas y su cintura iba armónica a ella. Recitaba cada palabra de la canción, y cada sentimiento allí plasmado se volvía suyo. Sus manos estaban frescas y, al mismo tiempo, calientes. Cada partitura tenía un significado en su vida.
Hoy el día la había despertado con un sol que le acribillaba sus ojos, pero, sin embargo, le daba ganas de vivir, cosa que últimamente, no estaba sintiendo, pero hoy todo era distinto y ella ya lo estaba presintiendo. Los parlantes retumbaban en sus oídos, y sin embargo, ningún vecino se quejaba. Su audiencia era única, con cada tema, se emocionaban y la felicitaban de más.
La sonrisa era su fuerte, su instrumento implacable, su herramienta para lograr todo lo que quería: era perfecta.
Era sol, el sol era la razón de todo. Tenía ganas de unirse con la naturaleza. Sentir el aire sobre su cuerpo, la vitalizaba. Los pinceles tentaban su mano y los colores inundaban su cuarto. La alegría era notoria, Felipa, hoy estaba feliz.
Hoy el día la había despertado con un sol que le acribillaba sus ojos, pero, sin embargo, le daba ganas de vivir, cosa que últimamente, no estaba sintiendo, pero hoy todo era distinto y ella ya lo estaba presintiendo. Los parlantes retumbaban en sus oídos, y sin embargo, ningún vecino se quejaba. Su audiencia era única, con cada tema, se emocionaban y la felicitaban de más.
La sonrisa era su fuerte, su instrumento implacable, su herramienta para lograr todo lo que quería: era perfecta.
Era sol, el sol era la razón de todo. Tenía ganas de unirse con la naturaleza. Sentir el aire sobre su cuerpo, la vitalizaba. Los pinceles tentaban su mano y los colores inundaban su cuarto. La alegría era notoria, Felipa, hoy estaba feliz.
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