Ambar iba a ser la protagonista de esta historia que ni siquiera ella presumía de su existencia. Era una chica muy simple. Simple. Una vida con pocos relieves. 16 años. 4to año del secundario. Vivía en Flores. Se vestía de jean, remera y zapatilla. Tocaba la guitarra. Leía a Borges y estaba enamorada de Pablo Echarri.
Simple, vio.
Era un día de esos, que queres que no arranquen, y cuando lo hacen ni lo hacen. Estas como en off. El tiempo era depresivo. No se asomaba ni un mínimo rayito de sol. Pero tenía un gustito raro. Sorprendente.
El naranja era el color elegido para vestir ese hermoso cuerpo. Un cuerpo que era bastante insulso, mas se valía por su interior.
Dios. Si Dios es bueno. Y me da un amor. Que lo sea, y lo sea ya.
Patricio una persona rara, por lo menos, para mi, y hasta desprolijo, andaba por la vida fumándose plantas que le garantizan un buen discurso utópico donde todo era legal. Luego de tal travesía, relataba cada extraño sentimiento o sensación que había sentido en su caminar. Vivía aislado. Con sus propias ideas.
Que faso fumaría.
Que loco hablaría.
Que pito tocaría.
Y qué ganas tendría.
Dudas. Relación: no hay.
Pato, Pato, qué hombre.
19 años. De profesión, estudiante de cine. Quinto hijo de una familia de diez. Nadador profesional y amante de la fauna argentina.
Segundo, cara de mandril aplastado por una grúa de Calafate. Era adicto al aceite.
Mario era tan rudo, tan molesto y tan pelotudo que de él no voy a hablar.
Felipe era un encanto. El típico novio que cada madre desea para su hijo.
Chico diez. Excelente deportista. Religioso.
Algunos le decían Felo, otros Buba, y otros ni lo conocían. Pasaban horas y horas y nadie se acercaba a él.
El centro, claramente era ella, Ambar. Tanta gente. Y todos atraídos por su calidez de persona.
Ese perfume que la hacia perspicaz, serena…
Qué mentira.
Ella hablaba, su cabeza se movía acribilladamente por la música que recordaba. Sus venas se llenaban de vida, y le aseguraban energía para seguir viviendo. Cada aguja que pasaba, cada respiro que diluía en el aire, significan un paso hacia la victoria.
Su libro.
Ya estaba.
Quién lo leería.
Se agotaria rápido.
Horas.
Dias.
Meses.
...
Años.
Palabras molestas que hablan sin que uno lo desee. No pueden explayar los sentimientos y manchan momentos. Palabras que no encuentro para expresar lo que mi cuerpo esta emanando. Mis dedos bailan sobre el teclado, pero la coreografía no es estable ni maravillosa. Qué pena, qué dolor.
Cuanta magia. Es un simple deseo. Y ya no es él, sino alguien. O algo.
Fui yo. Yo lo busque.
Extraño pensar en él. Quiero pensar que el también lo hace. Me haría tan bien.
Las viejas dimensiones del futuro.
Hoy todo es raro.
Aunque la ciencia ficción que leo me hace creer que nada es imposible, y nada raro…
Eternidad, infinito.
Aunque quiera, no puedo dormir, por lo menos falta cuatro cosas, sigo subiendo despierto hasta saber que llego la aurora…
Tal vez.
Inconciente. Incapaz. Indefinible.
Bravo.
Pero puro y pasional.
Lo vale.
Lo quiere valer.
Ojala.
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